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¡ADIÓS A LAS CLASES MEDIAS!

En Alemania crece la probreza y se concentra la riqueza en pocas manos

Fuente: canarias-semanal.com

Por Eugenio Fernández

Según instituciones tales como la ONU, fundaciones  privadas, Unicef, organizaciones no gubernamentales y reiterados informes de las oficinas de la Unión Europea, en nuestro planeta cada día hay más pobres y menos ricos. Pero la diferencia de riqueza entre unos y otros está creciendo en proporciones abismales.  Es decir, lo que se denomina como “brecha social” se agranda dramáticamente. En la medida que los impactos de la crisis son más fuertes, aumenta el número de pobres. El ejército de estos últimos se ve incrementado por el empobrecimiento de aquéllos que se consideraban hasta ahora integrantes de una difusa “clase media”. 

PERO, ¿EXISTEN LAS “CLASES MEDIAS”?

Y es que, en los últimos decenios, el poder quiso “sustraer” de las filas de los asalariados a aquéllos que mejor remuneración recibían,  adscribiéndolos  arbitrariamente a una clase social a la que no pertenecían. Desde el punto de vista de la sociología científica,  las clases medias están constituidas por los profesionales que trabajan por su cuenta, – médicos, abogados, etc. – , por quienes tienen un pequeño negocio,  comercio  o empresa, o por aquellos otros que siendo propietarios de tierras las ponen en producción con un reducido número  de asalariados. Pero el sistema capitalista quiso crear la ilusión de que los trabajadores a quienes se arrebaraban las plusvalias tenían la posibilidad de huir de las filas del proletariado, ingresando en una nebulosa clase media que, si bien existía, no estaba compuesta, desde luego por los  que vendían su fuerza de trabajo a cambio de un salario.

Las décadas locas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, así como la la referencia que suponía en aquellos años  la existencia de la Unión Soviética,  contribuyeron a reforzar ese espejismo . El crédito fácil ayudó a reforzar la ilusión. El endeudamiento a traves del crédito de por vida hizo pensar a muchos que  habían liberarse de la explotación directa del capitalista,  pasando a integrarse a una “nueva clase”. Era todo mentira.  Una vez que explotó la pompa de jabón, las cosas volvieron a su sitio. La división social volvió a reencontrarse con toda crudeza consigo misma. Y ahora sin artificios ni ensoñaciones febriles.

EN EL PARAÍSO ALEMÁN TAMBIÉN CRECE LA “BRECHA SOCIAL”

 Contrariamente a lo que tratan de dar a entender los medios, la situación no sólo afecta a Grecia, España, Portugal. Al sur periférico europeo. En Alemania, la primera economía europea y un país en el que las exportaciones continúan creciendo y, aparentemente, no está tocado por la crisis, la llamada “brecha social” se ha abierto también con velocidad vertiginosa. El panorama reflejado por un informe que realiza el gobierno alemán cada cuatro años sobre la pobreza en ese país ha sido tan negro que el ministro de economía, y la propia Angela Merkel, exigieron que su contenido fuera “retocado” y que expresiones tales como “hay peligro para la cohesión social”, o la revelación de datos alarmantes, fueran suprimidos. Ni que decir tiene que la tentativa “censora” de la canciller Merkel y de su ministro levantó ampollas en la opinión pública del país.

En cualquier caso, el estudio oficial  constata que el número de pobres en Alemania ha crecido, constituyendo hayo casi el 20% de la población. Exactamente el 19,6%. Tan solo el 10% de los alemanes se reparten el 67% del capital. En el “paraíso” de Angela Merkel hay cuatro millones de personas que cobran menos de siete euros a la hora. Es decir, que en el último decenio, en el país donde supuestamente las cosas van “viento en popa” han caído en picado los salarios y ha aumentado galopantemente el número de pobres.

 Nuestros socialdemócratas españoles dicen que ello se debe a que Ángela Merkel ha impuesto en Alemania  una economía ultra liberal  que provoca que las cifras macroeconómicas  vayan  bien, pero la vida de los ciudadanos haya alcanzado niveles de empobrecimiento desconocidos en las últimas décadas. Pero la  cruda realidad es, sin embargo, que estas políticas fueron puestas en marcha por la socialdemocracia alemana, encabezada por Schroeder, a principios de la década es del 2000, a exigencias, naturalmente,  del gran capital germano.

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