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Haz que parezca un debate. Pablo Iglesias vs Marhuenda.

Fuente: blogdelviejotopo.blogspot.com.es / @VigneVT

Pablo Iglesias Turrión versus Francisco Marhuenda

Debates políticos de altura

Llegó la hora del desahogo ante la televisión. El progre consumidor de pensamiento prêt-à-porter se sienta confortablemente en el sofá de la salita, para ser espectador un día más de una confrontación político-dialéctica de alto nivel intelectual (sarcasmo, of course). Se dispone a disfrutar de otra corrida en la que el toro es un patético chucho. Porque dejémonos de cachondeo: el torito al que llaman Marhuenda -el mismo que desprende un hediondo tufo fascistoide, característico de las bravas reses de la ganadería cavernaria-, sufre de atrofia cerebral.

Si se prefiere una metáfota distinta: un combate de boxeo amañado. Por un lado, está un cavernario al que cualquier representante de alumnos sería capaz de callarle la boca; y por otro, un experto vendedor de perogrulladas, sofismas y vacuidades. Marhuenda es el rival contra el que cualquier político -aunque fuese el tonto del pueblo- querría enfrentarse dialécticamente. Es el necesario tongo para elevar al político promocionado a la categoría de gran líder, capaz de darle un zas en toda la boca al oponente a cada instante, incluso aunque tratase de evitarlo.

Los cavernícolas disfrutarán con las que le ha cantado el director de La Razón al coletas, mientras que los progres gozarán con las tortas dialécticas que el líder circular le ha soltado al odiado Marhuenda. De eso se trata. El secreto comercial del circo mediático de La Sexta TV (canal al que muchos se refieren despectivamente como La Secta), consiste en encender la libido política de unos y otros, y que unos y otros se queden con gustirrinín al final. Nada nuevo en el gran teatro de la manipulación, que es la televisión sistémica.

El éxito está garantizado para ese canal tan reaccionario como es La Sexta, al que un amplio sector de la progresía ha elevado a los altares, simplemente porque nos permite realizar un consolador vudú con la odiada derecha española. La eficacia simbólica del vudú reside en su efecto terapéutico, consuelo del indignado, después del subidón de adrenalina que provoca el ir clavándole los alfileres al malo de turno. ¿O es que no tenéis claro que Marhuenda es ese muñequito? Bueno, también es verdad que cada cual se consuela con lo que le da la gana, con lo que puede o con lo que le dejan.

El combate debe garantizar la sangre, elemento imprescindible para captar la atención de aquellos cuyo software ideológico se elabora desde el sofá ante la televisión que todo lo sabe. Mucha sangre. Cuanta más sangre, más adrenalina, más audiencia, más beneficio para la cadena. Los tertulianos son chicos aplicados en la ejecución del guión. Cada cual dice lo que su público respectivo quiere oír, pero también lo que exaspera al público del rival. Lo que a ti te ponga al otro debe desquiciar. Es la fórmula comercial de las tertulias políticas para consumidores de pensamiento prêt-à-porter.

Pero el combate debe garantizar un ganador, que no puede ser otro que el promocionado. Para eso se le ha buscado a Marhuenda, para que luzca ante él sus grandes dotes de torero, aunque sea contra un toro reumático con artrosis. Es menester que gane por K.O. y que su victoria vaya revestida de cierto toque sádico que el indignado del sofá contemplará como venganza y justicia divina. Cada asalto garantizará una fuerte dosis de castigo para el oponente. Al final, un momento de delirio, euforia, amor ciego por el ganador, un acto de comunión unilateral del público progre con el promocionado.

Imagino el diálogo del gran padrino-patrón de La Sexta TV dándole instrucciones a su subordinado ejecutor, para la campaña promocional de Pablo Iglesias Turrión:

Padrino-patrón. ¿Quién puede hacer de sparring?
Ejecutivo-ajecutor.Marhuenda es perfecto. Cada frase que suelte será contestada rotundamente por el chico.
Padrino-patrón.Perfecto. Hazlo. Pero haz que parezca un accidente. ¿Dije “accidente”? Perdón por el lapsus. No sé en qué estaría pensando. Quise decir “debate”:

haz que parezca un debate.

Sí. Podría aceptar pulpo como animal de compañía, pero que nadie venda la moto de que eso es un debate político. Por ahí no paso. No acepto la beatriztaleguización del discurso político. El show no es más que un mero intercambio de afirmaciones facilonas repetidas cada día de la semana: un intercambio de cromos.

Acaba el programa. Pomada consoladora para el indignado telespectador. Se levanta y se estira bostezando mientras piensa ‘tenemos un gran líder’. Le han dicho lo quería oír. No necesita otra cosa.

Y La Sexta seguirá luego con su programación. Nos seguirá contando qué malos son los rusos, las bondades de la revolución pacífica ucraniana que ha instaurado un gobierno elegido en democracia directa desde la calle. Y como muestra de la perversidad de las hordas rusas, nos pondrá imágenes que muestran el ataque de “nazis-rusos” contra la sinagoga de Simferópol en Crimea (ver imagen al final).

Lamento no entender a cierta gente incapaz de plantearse la pregunta de por qué Podemos es apoyado insistentemente por ciertos medios sistémicos que de izquierdas tienen nada. Quizás alguno vuelva a dejarme un comentario llamándome chequista o estalinista, términos que los coleteros han puesto de nuevo en circulación para descalificar a todo aquel que les lleve la contraria y ose realizar alguna crítica.

Desde la Transición, en la izquierda se han dado grandes timos. Algunos muy sonados. Pero pocas veces he visto un timo político tan elaborado como las iniciativas políticas de los últimos meses, patrocinadas con mimo por ciertos medios sistémicos, salidas de la chistera como el conejito del mago. El tiempo pone a cada cual en su sitio.

Manipulación en La Sexta TV

3 comentarios el “Haz que parezca un debate. Pablo Iglesias vs Marhuenda.

  1. Y otros dando leña a todo lo que se mueve,a mi todo aquel que luche por una justicia sociaL ME VALE,Marhuenda necesita que len hostias hasta en el dni

  2. Podría hacer una larga exposición sobre la supina ignorania que demuestra el redactor sobre Pablo Iglesias, que lleva desde los trece años militando en partidos de izquierda y, no digamos sobre el segundo de Podemos, Juan Carlos Monedero, un tipo de una brillantez fuera de escala y unos de los principales ideólogos del socialismo del siglo XXI, pero todo se resume en un “que mala es la envidia”.

    • Pues así le va al socialismo en el siglo XXI. Con el asesor de Llamazares guiándonos hacia el peronismo.

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